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Relaciones y vínculos

Apego ansioso y apego evitativo: cómo se ven en tus relaciones adultas

FC Felipe Campos Camargo 6 de octubre de 2026 · 5 min de lectura
Apego ansioso y apego evitativo: cómo se ven en tus relaciones adultas

Hay personas que necesitan confirmar a cada rato que el otro sigue ahí, y otras que se alejan justo cuando la relación se pone seria. Muchas veces, detrás de esos patrones hay un estilo de apego que se formó temprano y que sigue operando en la adultez. Entenderlo no es ponerte una etiqueta: es una forma de mirar por qué te vinculas como te vinculas.

Qué es el apego

La teoría del apego, formulada por el psiquiatra y psicoanalista británico John Bowlby, plantea que desde muy pequeños buscamos cercanía y protección en quienes nos cuidan. Según cómo respondían esas figuras —con disponibilidad, de forma intermitente o con distancia—, vamos construyendo una idea de qué esperar de los demás y de cuánto merecemos ser cuidados.

Más tarde, la psicóloga Mary Ainsworth describió los estilos de apego en la infancia y, a fines de los años ochenta, las investigaciones de Cindy Hazan y Phillip Shaver mostraron que esos patrones también se observan en las relaciones de pareja adultas.

Los estilos de apego, en simple

Apego ansioso: señales frecuentes

Apego evitativo: señales frecuentes

Cuando se encuentran un apego ansioso y uno evitativo

Es una dinámica conocida y muy desgastante: mientras uno busca más cercanía, el otro se aleja; esa distancia aumenta la angustia del primero, que insiste, y eso lleva al otro a retirarse todavía más. Ninguno de los dos está 'mal': cada uno intenta protegerse con lo que aprendió. Entender ese circuito ayuda a dejar de vivirlo como un problema de carácter o de falta de amor.

¿Se puede cambiar el estilo de apego?

El apego no es una sentencia. Los estilos se formaron en relación con otros y también pueden ir cambiando a través de nuevas experiencias de vínculo. En terapia, la propia relación con el terapeuta puede ser un lugar donde ensayar algo distinto: decir lo que necesitas, tolerar la distancia sin desarmarte o dejarte acompañar sin sentirte invadido.

En mi trabajo miramos cómo se formaron tus maneras de vincularte —tu historia, tus relaciones importantes, lo que aprendiste a esperar de los demás— y cómo se repiten hoy, para que puedas elegir con más libertad. Cuando en esa historia hubo experiencias difíciles sostenidas en el tiempo, este trabajo se cruza con el del trauma complejo.

Si te reconoces en alguno de estos patrones, podemos conversarlo en una primera sesión, presencial en Las Condes o por videollamada.

Preguntas frecuentes

¿Tener apego ansioso o evitativo es un trastorno?
No. Los estilos de apego no son diagnósticos ni enfermedades: describen formas de vincularse. Pasan a ser motivo de consulta cuando generan sufrimiento o se repiten en relaciones que te hacen daño.
¿Cómo sé cuál es mi estilo de apego?
Los tests que circulan en internet pueden servir para empezar a reflexionar, pero no reemplazan una evaluación. Además, muchas personas no calzan en un solo estilo o se vinculan distinto según la relación. En terapia lo vamos viendo a partir de tu historia y de cómo te relacionas hoy.
¿El apego solo tiene que ver con la pareja?
No. Se nota mucho en la pareja, pero también aparece en la amistad, la familia y el trabajo: en cómo pides ayuda, cómo manejas los conflictos o cuánto te cuesta confiar.
¿Mi estilo de apego es culpa de mis padres?
Buscar culpables no suele ayudar. Los estilos de apego se forman en una historia de relaciones con muchas circunstancias en juego, y quienes nos criaron también traían la suya. Entender de dónde viene un patrón sirve para hacerte cargo de él hoy, no para quedarte en el reproche.

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