Hay personas que necesitan confirmar a cada rato que el otro sigue ahí, y otras que se alejan justo cuando la relación se pone seria. Muchas veces, detrás de esos patrones hay un estilo de apego que se formó temprano y que sigue operando en la adultez. Entenderlo no es ponerte una etiqueta: es una forma de mirar por qué te vinculas como te vinculas.
Qué es el apego
La teoría del apego, formulada por el psiquiatra y psicoanalista británico John Bowlby, plantea que desde muy pequeños buscamos cercanía y protección en quienes nos cuidan. Según cómo respondían esas figuras —con disponibilidad, de forma intermitente o con distancia—, vamos construyendo una idea de qué esperar de los demás y de cuánto merecemos ser cuidados.
Más tarde, la psicóloga Mary Ainsworth describió los estilos de apego en la infancia y, a fines de los años ochenta, las investigaciones de Cindy Hazan y Phillip Shaver mostraron que esos patrones también se observan en las relaciones de pareja adultas.
Los estilos de apego, en simple
- Seguro: te resulta relativamente fácil confiar, pedir ayuda y también tener tu propio espacio, sin vivirlo como una amenaza.
- Ansioso (o ansioso-ambivalente): la cercanía importa mucho y la distancia se vive con angustia; aparece el miedo a ser abandonado o a no ser suficiente.
- Evitativo: la independencia es un refugio; la intimidad emocional puede sentirse invasiva y la tendencia es tomar distancia.
- Desorganizado: se desea la cercanía y a la vez se teme. Suele asociarse a historias en las que quien cuidaba era también fuente de miedo; en adultos a veces se habla de apego temeroso.
Apego ansioso: señales frecuentes
- Necesitas confirmación frecuente de que el otro te quiere o sigue interesado.
- Un mensaje sin respuesta puede desatar mucha angustia o pensamientos de abandono.
- Te cuesta poner límites por miedo a perder la relación.
- Te adaptas mucho a lo que el otro quiere y dejas lo tuyo de lado.
- Te cuesta estar tranquilo cuando hay distancia, aunque sea breve.
Apego evitativo: señales frecuentes
- Te incomoda que la relación se vuelva más íntima o comprometida.
- Prefieres resolver todo solo y te cuesta pedir o recibir ayuda.
- Cuando hay conflicto, tiendes a cerrarte o a tomar distancia.
- Valoras mucho tu independencia y a veces la cercanía del otro se siente como presión.
- Te cuesta hablar de lo que sientes, incluso con personas de confianza.
Cuando se encuentran un apego ansioso y uno evitativo
Es una dinámica conocida y muy desgastante: mientras uno busca más cercanía, el otro se aleja; esa distancia aumenta la angustia del primero, que insiste, y eso lleva al otro a retirarse todavía más. Ninguno de los dos está 'mal': cada uno intenta protegerse con lo que aprendió. Entender ese circuito ayuda a dejar de vivirlo como un problema de carácter o de falta de amor.
¿Se puede cambiar el estilo de apego?
El apego no es una sentencia. Los estilos se formaron en relación con otros y también pueden ir cambiando a través de nuevas experiencias de vínculo. En terapia, la propia relación con el terapeuta puede ser un lugar donde ensayar algo distinto: decir lo que necesitas, tolerar la distancia sin desarmarte o dejarte acompañar sin sentirte invadido.
En mi trabajo miramos cómo se formaron tus maneras de vincularte —tu historia, tus relaciones importantes, lo que aprendiste a esperar de los demás— y cómo se repiten hoy, para que puedas elegir con más libertad. Cuando en esa historia hubo experiencias difíciles sostenidas en el tiempo, este trabajo se cruza con el del trauma complejo.
Si te reconoces en alguno de estos patrones, podemos conversarlo en una primera sesión, presencial en Las Condes o por videollamada.
Preguntas frecuentes
¿Tener apego ansioso o evitativo es un trastorno?
¿Cómo sé cuál es mi estilo de apego?
¿El apego solo tiene que ver con la pareja?
¿Mi estilo de apego es culpa de mis padres?
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